Áurea Citlali Camacho Anguiano
Soy una escritora chilanga que vive ahora en Playa del Carmen. Estudié literatura, me especialicé en crítica literaria y por muchos años me dediqué a la corrección de estilo y edición de libros de texto. Luego, por azares del destino, decidí enfocar mis fuerzas en el trabajo más hermoso y demandante que he tenido: ser mamá de dos pequeñas, tres perros y un gato. Hice una pausa de algunos años, pero tres mudanzas, una pandemia y diez años después, la vida me volvió a arrastrar a las costas de la edición, ahora a distancia.
Mi relación con la escritura ha tenido sus altibajos: etapas muy prolíficas y otras de total sequía. Eso sí, llegó a mí a una edad muy temprana. Aprendí a leer y a escribir a los 4 años. E incluso antes de poder trazar letras, recuerdo que hacía pequeños garabatos en una agenda vieja que tenían mis papás junto al teléfono. Así que, para mí, escribir es casi como respirar.
La primera historia que recuerdo haber escrito fue un cuento de terror, con su bosque tenebroso, su castillo en ruinas y algo misterioso que acechaba a una niña. Lo escribí en una libreta de pasta dura, a mano, con tinta azul. Probablemente tenía 7 años en ese entonces.
Pero nunca escribí tanto como en mis años adolescentes. (porque nada mejor que el drama adolescente para hacer correr ríos de tinta). Después de eso vino una sequía enorme, auspiciada por el síndrome de la impostora.
Lo bueno es que con la llegada de la madurez, a una se le va quitando la pena de ocupar espacio en el mundo. Y así, retomé la escritura hace como tres años, gracias a un taller que me hizo comprometerme a escribir algo cada semana. Así como el agua perfora la roca con constancia y perseverancia, yo fui soltando la pluma y, cuando me di cuenta, ya tenía una colección de relatos que me parecían lo suficientemente buenos para mostrarlos juntos.
Puedo decir que he sido parte del proceso de creación
de un libro desde varias funciones: editora, correctora, revisora, pero ahora
me toca ser la autora que pone en manos de sus lectores sus textos, con el
anhelo de conectar con alguna persona que vea valor en ellos. Si logro eso, me
sentiré afortunada. De cualquier manera, sé que ya no hay vuelta atrás y que
seguir poniendo en letras mis pensamientos será algo que me acompañe por
siempre.